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El sueño es un hábito fundamental en el desarrollo del niño, por lo que debemos tratar de instaurarlo con la misma importancia que otros hábitos como comer o lavarse. Un niño no nace sabiendo dormir, hay que enseñarle cómo hacerlo.

Desarrollar un buen hábito de sueño en nuestro hijo, reduce las probabilidades de un trastorno del sueño en el futuro y posibilita un mejor descanso en el resto de miembros de la familia.

Hay que tener en cuenta que los beneficios del sueño no se limitan solo a una recarga de energía, sino que se ven comprometidas otras funciones más allá del descanso puramente físico. Dormir bien, también tiene otras consecuencias positivas, como la maduración cerebral, tan importante en esos primeros años de vida, o como el desarrollo de los procesos de memoria y aprendizaje.

Una falta de horas de sueño o un sueño interrumpido de forma constante y continuada en el tiempo, que no facilite el descanso, implica un estado de ánimo irritable en los pequeños, disminuyendo su capacidad de atención y concentración, así como una bajada de defensas en su sistema inmunológico.

Por tanto, para dormir bien se recomienda que los niños adquieran el hábito de dormir teniendo en cuenta las horas que deben dormir en función de la edad. El psicólogo infantil recomienda:

–       Lactantes: 14-15 horas al día, incluso algunos expertos hablan de 16-18 horas cuando son recién nacidos.

–       Niños pequeños: 11- 12 horas al día.

–       Niños en edad escolar: 10 horas al día.

–       Adolescente: 9 horas al día.

Para que se desarrolle un buen hábito de sueño es necesario tener en cuenta una serie de pautas:

1.- Realizar una rutina relajante o tranquila antes de acostar al niño. De esta forma, estamos instaurando una rutina que asociará al momento de irse a dormir, como por ejemplo, darle un baño antes de dormir, seguido de un masaje y cantarle una nana o leerle un cuento. Procura que sean siempre en el mismo orden, ya que se fomenta más la creación del hábito.

2.- Evita realizar actividades o juegos muy activos justo antes de acostarle. Si activamos mucho al niño luego costará más calmarle.

3.- Evita bebidas con cafeína por la tarde.

4.- Que el niño duerma siempre en su habitación y a la misma hora. Cuanto más constantes seamos con las rutinas y menos variables introduzcamos, más fácil será que se adquiera el hábito del sueño.

5.- Conocer sus miedos y preocupaciones. Ayudándole a calmarse y buscar soluciones para enfrentarse

6.- Evitar cuentos y  películas de terror o que sean de contenido violento antes de dormir.

7.- Reforzar aquellos comportamientos que queremos que se repitan con elogios y abrazos.

8.- En caso de que llore, no acudir inmediatamente, sino hacerlo en intervalos de tiempo cada vez mayores. Se le recuerda que estamos aquí al lado y que le estamos enseñando a dormir.

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