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Muchos de nuestros clientes acuden a nuestras sesiones de terapia con mal de amores, también vienen los que no tienen pareja y quisieran tenerla, se sienten bajo presión, fracasados, otros nos hablan de la soledad y de no haber sentido el amor, pero es muy raro encontrar a alguien que venga a aprender a amar.

La mayoría de las personas caen en el error de que no hay nada nuevo que descubrir en relación al amor. Y no es así, el amor requiere un aprendizaje continuo, una búsqueda con un encuentro íntimo para sentirnos plenos.

El amor no es solamente dar,  es un arte que requiere conocimiento del otro, dedicación,  implicación, cuidado, responsabilidad y respeto. No amamos aquello que no cuidamos. El amor es la responsabilidad de un “yo” por un “tú”. Requiere también superar el propio egoísmo, humildad, tolerancia, y no perder la capacidad de razonar.

El amor es permitir que quienes amamos sean perfectamente ellos mismos. Y no retorcerlos para que “encajen” en nuestra propia imagen. De lo contrario, amamos solamente el reflejo que, de nosotros mismos, vemos en ellos.

Uno de los principales requisitos del amor es un fuerte  sentimiento de individualidad, libertad y autonomía, que supone que el otro puede sentirse libre para estar juntos así como sentirse libre para irse. La libertad incluye responsabilidad en los pensamientos, sentimientos y acciones que tienen lugar.

El amor es algo que ocurre, algo que se siente. Es prácticamente imposible amar si no se siente, o dejar de amar si se ama. Amar no es mirarse el uno al otro sino mirar juntos en la misma dirección. Solamente sé que yo soy yo, cuando contigo, tú me dejas saber quién eres tú.

En el amor “sano”, no hay un deseo estricto de poseer al objeto amado, más bien hay una necesidad de saber que la persona amada siente bienestar -siento que te quiero sin necesitarte- no es tratar de cambiar al otro es cambiarme yo a través del otro, haciendo que el otro cambie a través de mí en nuestra relación.

No queremos aceptar compromisos ni cambios porque nos asusta nuestra propia desestructuración, nos da miedo perdernos a nosotros mismos en la relación. La terapia supone un crecimiento personal, estar atentos a nuestros distintos modos de relación, y aprender a flexibilizar nuestros patrones “rígidos” que nos impiden ensayar nuevas formas.

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