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Me encanta la tecnología. Me ha permitido conocer personas de diferentes lugares, que quizás no hubiera conocido por otro medio.

También la tecnología es un buen complemento a mis relaciones personales.

La uso para aquello que se me olvidó decir, cuando me viene una inspiración y la quiero compartir o simplemente para saber cómo están mis seres queridos. 

No se me olvida, no obstante, que la base de mis relaciones es el contacto físico. Lo necesito. Necesito mirar a los ojos, tocar un brazo, compartir el sonido de mi voz, sentir intimidad y pertenencia...

Todo eso es lo que sostiene mis relaciones virtuales. Y hace también que la relación que mantengo con el otro sea real y profunda. 

El contacto físico permite que cuando veo una foto de mi amiga sonriendo por facebook, sepa que está haciendo todo lo posible por salir adelante en su vida. No me monto fantasías.

Sé la realidad porque la estoy viviendo con ella. Porque veo cómo llora ante mí y me estremezco llorando con ella. Porque nos abrazamos y siento su calor en mi cuerpo. 

Esa es la bendita realidad, no la que veo en las redes sociales.

Gracias a la tecnología veo fotos que me recuerdan mis viajes, mis momentos especiales. Y no se me olvida que para vivir esos momentos, necesito estar presente en cuerpo y alma, no haciendo fotos.

Me doy cuenta que la vida está en todos lados: en facebook, en el whatsapp, en la calle, en mi casa o en la tuya.

Pero no se me olvida que cada lugar pertenece a un momento concreto y no todos los lugares sirven para todo.

Tampoco se me olvida que para mí al menos, necesito el calor humano.

Sandra Gamero

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