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Hace poco escuché que una persona responsabilizaba al gobierno de su sobrepeso. Me impresionó mucho tal afirmación porque, además, estaba cargada de razones que avalaban dicha conclusión.
Quizá resulte más cómodo insistir en la responsabilidad de los otros sobre nuestras propias vidas, pero también es cierto que así cedemos todo el poder sobre nosotros mismos.


Cuando escucho este tipo de comentarios, recuerdo haber utilizado este método hace años hasta que aprendí a preguntarme sobre qué podía hacer para cambiar, mejorar o trascender las situaciones que no me gustaban de mi realidad.
Con la práctica de esta estrategia, me di cuenta de que al final llegaba siempre al mismo sitio, tenía capacidad de elección en todo, cuanto menos, en la forma en que interpretaba los hechos.
Viktor Frankl lo narra de la forma más bella en el contexto más atroz imaginable en su obra El hombre en busca de sentido.


Y sí, comprendí que cuando nos sentimos marionetas del destino y a merced de los vientos, siempre, siempre, existe la posibilidad de hacernos responsables de lo que ocurre, el último reducto de nuestra libertad individual siempre será nuestra propia interpretación de lo que nos acontece y nuestra capacidad para darle un sentido a todo ello que nos permita elevarnos por encima de las circunstancias y decidir el propio camino descubriendo nuevas opciones y todo un mundo de posibilidades a nuestro alrededor.
Entonces, ¿estás dispuesto a ser el único responsable de tu vida o seguirás mirando para otro lado?

Ana Méndez, Proyecto Analea

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