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En ese caminar y despertar de la conciencia, podemos percibir que existe "otra realidad" además de la que vemos y tocamos, que hay otras dimensiones y universos de los que ciertamente no sabemos nada; no obstante sentimos, de una forma u otra, que una parte de nuestro Ser está unido a esas otras dimensiones paralelas, a un Universo de probabilidades más allá de nuestro pequeño horizonte.

Sin embargo nuestro lenguaje es muy limitado; con él jamás llegamos a definir ese vínculo con esa Realidad mayor. Las palabras tan solo son interpretadas bajo la base comparativa de uno mismo, de sus recuerdos, su cultura, sus vivencias... Del mismo modo que el mapa no es el territorio, tampoco la palabra no es la cosa; lo que expresamos no es la Realidad, solo su interpretación subjetiva.

Las palabras solo tienen aplicación en nuestro mundo material, y cuando pides un litro de leche, esperas que "No" te den un kilo de manzanas. Solo sirve para eso la palabra. Pero en el mundo del espíritu todo es relativo; no existe una verdad absoluta, ni un bien y un mal absolutos, sino que tan solo existe la Relatividad más absoluta.

La relatividad es la probabilidad. En el fondo todo es un juego de probabilidades, como dicen los nuevos científicos. Más allá de lo que digan, yo a veces también siento, cada vez de forma más contundente, que en la vida todo son potencialidades, todo son energías y factores que "se podrían dar" o crear; hay encuentros, ideas y actos que podrían producirse. Todo se puede crear. Cualquier propósito se puede realizar... siempre que una multitud de factores y voluntades confluyen en ello. Es una cuestión sinérgica.

Si falla o cambia tan solo "uno" de los factores, aquella probabilidad muta, cambia toda la fórmula energética. Todos y cada uno somos elementos catalíticos de una sofisticada fórmula; si falla un solo factor, un solo elemento, aquella fórmula o propósito puede ser completamente diferente al proyecto inicial. Por tanto nuestra libertad de elegir, de hecho, no existe en su forma pura. Es una libertad ‘relativa’ la que tiene el ser humano.

Tal vez es cierto, espiritualmente hablando, que nuestra alma solar es por naturaleza libre, y quizá sí que existe el potencial creador y divino de nuestro "libre albedrío".

Lo constatamos a diario como la fuerza volitiva, nuestra voluntad de hacer o no hacer, pero también constatamos que en nosotros coexisten dos voluntades, la voluntad de nuestra Esencia junto a la del ego o personalidad, y ésta última siempre elige de forma subjetiva según sus condicionantes e intereses. Por tanto, las decisiones siempre serán "relativas" porque dependen o están enlazadas además a las decisiones de nuestros congéneres y su respectivos egos. Nuestra pequeña persona es básicamente relacional. Incluso diría que, si lo que hemos elegido no está condicionado por lo que ha elegido tu compañero, puede estar condicionado por lo que ha elegido la Naturaleza y sus elementos.

Cualquier ser vivo de la naturaleza que nace, crece y muere, tiene también su partícula divina que lo mueve, tiene un espíritu con el que crea su realidad; incluso podríamos decir que cada partícula de vida, tiene su voluntad, aunque sea de distinta índole o dinámica que la nuestra. Tus células también deciden. Por tanto cualquier factor natural también puede modificar nuestro libre albedrío.

Por ejemplo, si se desata un tsunami cerca de tu casa, por mucho que tú hayas elegido vivir en paz en aquella zona, el tsunami lo arrasa todo y anula lo que habías elegido, interfiere en tu voluntad de elegir. O si tú quieres vivir, pero por alguna razón has ingerido 10 gramos de cicuta o cualquier veneno, es muy probable que no puedas seguir viviendo; tu libertad ha sido abortada por un ‘factor externo’ natural, no voluntario por tu parte.

Hay muchas voluntades en juego, divinas y humanas, sutiles y densas. Así que la realidad es relativa, es un intrincado juego de probabilidades que dependen una de la otra.

Tan solo cuando se crean "sincronías" entre las distintas voluntades en juego, solo entonces se da el milagro, se produce sinérgicamente la creación de cualquier proyecto. La Sincronía y la sinergia parece ser la ley de la creación, el hilo de comunión y comunicación entre las distintas voluntades libres de crear. También el fenómeno de sincronía es la base de la cocreación. Si falla un factor, una voluntad, una elección, nada puede cocrearse, porque falla el conjunto unificado, fraternal y sincrónico para crear aquello.

¿Qué papel juega un terapeuta o facilitador de salud, ante esa Realidad múltiple, y ante ese doble "libre albedrío" que poseemos los humanos encarnados, y ante ese factor sincrónico necesario? La verdad es que tiene un papel muy humilde, un rol tan solo de acompañante, de guía, incluso de simple limpiador, pues solo trabaja para despejar el terreno vital del otro y lo ayuda a buscar sus formas de auto-sanar o a que vea más claro su camino, sus decisiones a tomar.

De hecho el terapeuta acompañante juega tan solo el papel de mostrar al otro la riqueza del paisaje, de hacerle observar los dones, talentos y potencialidades que posee su alma enferma, perdida o insatisfecha, tan solo le ayuda a despertar y enriquecer su grado de conciencia.

El sanador, como vehiculizador de salud, le ayuda al menos a poder ver lo que le está condicionando, para que él mismo pueda realizarse, reconocerse, autentificarse y vivir en la asertividad plena y radiante de su alma. El sanador, médico, psicólogo, terapeuta o facilitador de salud, para sanar de hecho tan solo tiene que entrar en sinergia con el alma del otro, del que necesita ser sanado, nutrido y revelado o iluminado. Tan solo entonces, desde esta sinergia, aparece la onda curativa y sanadora.

El propio proceso de sanación, al hacerlo consciente y desgranarlo con palabras, no es nada más que una re-interpretación de lo que creemos que nos ha pasado, es una nueva evaluación de los factores aparentes, una comprensión más allá de lo racional, un despertar de nuevo a ti mismo. De hecho, la sanación profunda se da si aparece la onda curativa, esa que procede del más allá, pero también si se consigue realizar una nueva interpretación de valores, por ambas partes, hecha desde y con el corazón, desde la sabiduría o el maestro interior de cada uno, sanador y sanado.

La palabra acompaña y revela, es necesaria para ordenar y tomar conciencia. El dolor no resuelto, la insatisfacción y la incomunicación, principalmente, ahogan y obstruyen la percepción desde el corazón. Porque el alimento del corazón es el gozo, la aceptación, la armonía y el compartir. Por eso los sabios insisten tanto en que el Amor es la única medicina, el antídoto real del dolor, el motor de la plenitud, es el único camino sanador.

Saber discernir entre la voz del corazón o la voz de los juicios es una clave de la salud psicoanímica y la plenitud. Desde el raciocinio, los juicios, la comparativa y las creencias, las decisiones que tomamos son bien distintas de las tomadas desde el corazón. Preguntémoslo a un terrorista; nos dará mil razones para hacer lo que hace. La razón difiere de unos a otros. Dictadores y verdugos, todos creen hacer lo mejor. Todos se tapan los ojos y los oídos para seguir convencidos de que tienen razón. Enmudecen su corazón, niegan su hemisferio derecho, anulan el poder de su sol interior.

Sanar nuestra mente siempre es sanear nuestros prejuicios, limpiarlos, es entrar en la coherencia y la ecuanimidad. Sanar es la compasión misma aplicada a tus congéneres, a ti mismo y a la naturaleza. Las frecuencias del corazón están en coherencia y en resonancia con la Vida, pues el corazón es su motor, aunque ese órgano sea una metáfora o un sinónimo del alma. Y nuestra alma solar está en pura sinergia con el resto de la galaxia que se expande e irradia.

La voz del alma es pura sinfonía, tiene una melodía sincronizada a ese lenguaje armónico del crecimiento y la evolución de la vida y las edades. La sinergia que existe entre nuestra esencia y el universo es completamente natural, espontánea y constante. Somos el universo.

En cualquier sesión de sanación espiritual se producen distintas sinergias energéticas de un tipo u otro. Muchos son los factores que intervienen en el acto de sanación... la armonía del lugar, la transparencia de los habitantes o asistentes, la autenticidad y honestidad del sanador, la calidad energética de las herramientas que éste aporte, la disposición del enfermo a transformar o invertir el proceso enfermante, la apertura a otras realidades existenciales o intervenciones sutiles, la confianza, la intencionalidad enfocada, la intuición, la empatía y la sincronía del funcionamiento de cada factor sanador...

Solo cuando se produce esa sinergia de factores saludables, se crea esa onda curativa, se proyecta en el aire la gran fuerza del amor y la paz. Cuando entramos en este proceso sanador, cuando internamente favorecemos esta onda curativa sinérgica y armónica, es que de alguna forma hemos elegido saborear la luz. Recordemos que tanto el sufrimiento como la felicidad brotan del libre albedrío, ya que el ser humano se enseña a sí mismo mediante los caminos que elige. También sanar es una elección.

© Marta Povo texto pedagógico, abril 2013

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